¿Fin de El Cartucho o reubicación del mismo?

5 May

Pensando en el Bronx como ese nuevo cartucho,  donde todo lo peor de la ciudad se encuentra, donde no existe nada bueno, donde las drogas, las mafias y la indigencia reinan gracias a la ausencia de un poder estatal fuerte que lo domine o que quiera hacerse cargo, este lugar se ha convertido en una pesadilla para unos y un refugio para aquellos que fueron sacados de su lugar (el cartucho) para la construcción de un parque que pretendía ordenar y convertirse en un lugar de “recreación” y “encuentro” mas no de vivienda.  En esta crónica, más que basarme en el conocido Bronx, en esa continuación del Cartucho, pretendo adentrarme en el contexto de transformación urbana que generó la puesta en marcha del Tercer Milenio y que por ende hizo que aparecieran otras ollas cercanas al lugar. Así es importante tener en cuenta los actores involucrados en el proceso (institucionales y habitantes del lugar) entendiendo que existe una parte y un discurso político que atraviesa este cambio urbanístico.

Es importante empezar por entender que el cambio de El Cartucho a Parque Tercer Milenio se da como resultado de un afán de los entes distritales por recuperar y transformar un lugar que se había convertido en sinónimo de violencia, drogadicción, pobreza y de revés de un modelo de sociedad ideal. El Cartucho era un lugar aislado donde la autoridad distrital no tenía cabida, mejor dicho, una ciudad dentro de la ciudad con sus propias dinámicas sociales, económicas, políticas y de poder. En aras de “reintegrar” este espacio y de volverlo un lugar accesible al público, se plantea la necesidad de reubicar a la gente que había hecho de este sitio su ciudad y de comenzar un proceso de reurbanización. Este proceso se enmarca dentro de un modelo de sociedad y de ordenamiento del espacio, es decir, El Cartucho no es un ejemplo aislado, sino que es expresión de un fenómeno que lo trasciende: la visión de ciudad que hace parte de los imaginarios que los entes distritales conciben como el deber ser. Así,  no se trata solamente de tomar la transformación del Cartucho como un caso paradigmático, sino de intentar comprender el modo en el que las percepciones institucionales y las percepciones de las personas que se ven afectadas por los modelos urbanísticos, confluyen o difieren.

De esta manera, las miradas institucionales son las responsables de la construcción de ciudad y las encargadas de determinar e implantar el modo en que lo urbano es organizado. Esto muestra como las conceptualizaciones que se generan provienen de una idea específica de “bienestar” que es determinante y creada por ciertos entes encargados de producir el desarrollo, y que se encuentra en el contexto geográfico e histórico. Así mismo, en estos procesos, las relaciones de poder son claramente construidas y utilizadas. Millán en su escrito muestra como salen a relucir ciertas afirmaciones del Concejal de Bogotá que muestran claramente las relaciones de poder que implica un proyecto como la construcción del Parque Tercer Milenio. Se ve lo poco que se pensaba de los habitantes del Cartucho y se tomaban como ratas de laboratorio con las cuales se podía experimentar para después aplicar, en caso de éxito, el mismo proceso pero en otras zonas. En efecto, “El Cartucho fue un “laboratorio de experimentación” ideal para renovar la zona central de la ciudad” y “rehabilitar una adicción es una enfermedad incurable, es una enfermedad tratable pero que no se cura, requiere procesos muy largos muy complejos no siempre exitosos e inversiones muy grandes”. Así, el gobierno consideraba que los habitantes del Cartucho eran personas que se podían dar por perdidas, imposibles de recuperar, por lo cual era justificable “eliminarlos” por el bien común. Así mismo las visiones de otros individuos relacionados con el proceso de renovación del centro de la alcaldía de Peñalosa muestran que era necesario y recomendable generar estos discursos para poder  “desencartuchar” a los individuos pues como me lo explica  Ibañez “existía una situación de guetto que no podía existir en una ciudad”.

Por otro lado, al tener la oportunidad de entrevistar a Carlos Alberto Garzón quien trabaja en la Secretaria de integración Social en la sección de adultez éste pudo darme una explicación, la cual enmarca, por un lado, la visión institucional dado que éste hace parte de una entidad gubernamental y está involucrado con la parte social y, por otro, al haber sido habitante del barrio Santa Inés, es más sensible al tema que interesa en esta crónica. Garzón expresa, en primera instancia, como, aunque el cartucho desde los años 70´s fue una zona difícil,  “la llegada del bazuco en los 90´s rompe la historia de la vida en la calle. Estas actividades van condicionando el proceso de deterioro del centro” Al esto ocurrir, se transforma la memoria de ciudad y empiezan a surgir ideas de cambio urgentes. Al realizarse esta transformación, surgen “dolores de ciudad”, pues por el afán de quitar lo malo “la administración fue indolente y derribó todo el patrimonio arquitectónico e intangible de unos de los primeros barrios de Bogotá”. Al hacer una visita al Tercer Milenio, se puede ver como en el aspecto físico, lo que menciona Garzón es totalmente cierto, pues no se percibe una sola edificación arquitectónica antigua en el lugar.

Este barrio, el barrio Santa Inés contiene una historia que se remonta a principios del siglo XX, donde  era un sector residencial de familias importantes de Bogotá. Para el año 1864, la construcción de la primera parte del edificio de la plaza de mercado (mayor lugar de abastecimiento de víveres de Bogotá) y sus dinámicas generaron el traslado de las familias tradicionales hacia el norte. Lo anterior hizo que existiera una degradación del espacio público y sumando a ello, la ampliación de la carrera décima logró el aislamiento y el olvido del barrio. En los años 1950-1960 llegan al lugar empresas de transporte y por ende de comercio que se beneficiaba de ello. Al consolidarse El Cartucho en los setentas, las empresas se salen del lugar y por ende los negocios, lo cual trae consigo compraventas que se ubicaron en el lugar, haciendo parte de este espacio. Finalmente en 1999, con la alcaldía de Peñalosa se empieza la demolición del lugar y con ello se comenzó a sacar a los habitantes.

Volviendo a la entrevista, otro punto que es importante resaltar y que es expresado por Garzón, es la diferencia entre el diseño del parque y la percepción que se tiene de éste por los demás. “Cuando los arquitectos se sientan a diseñar, lo hacen desde su experiencia académica, pero la apropiación y la interpretación social es otra”. Para Carlos Alberto Garzón, el parque no está construido para la gente, “fue una respuesta al problema que había ahí”, pero esto no quiere decir que se pensara en los habitantes al transformar el lugar. Él explica que lo que sucedió al cambiar el Cartucho fue que se hiciera “una metástasis ineludible”, que llevó a los Bazuqueros y a los habitantes de este barrio a cambiar de lugar, pero seguir haciendo lo mismo que en El Cartucho. “Lo que hizo esta transformación fue hacer que estas personas se expandieran por toda la ciudad.  La “l” o como yo la llamo la “h”, porque tiene esa forma, se convirtió en el nuevo Cartucho, teniendo las mismas consecuencias, pero en un lugar más reducido”. Al ser un espacio más pequeño que la zona de tolerancia, los habitantes del lugar tomaron la misma dinámica de la ciudad “deber ser” construyendo los cambuches hacia arriba, pues no había espacio disponible hacia los lados para crear su ciudad: “tuve la oportunidad de recorrer ese lugar y era chistoso ver como armaban sus casas [cambuches] hacia lo alto como en todo Bogotá”.

Pensando en los habitantes de lo que fue El Cartucho, cabe resaltar como lo explica Diego Alonso también de la Secretaría de Integración, que existen “tipologías de habitabilidad en calle que las personas no entienden ni ven gracias a la visión institucional y a la contribución de los medios para que sea así”. De esta forma, al no tener en cuenta en la visión institucional a los habitantes de calle, lo que sucede es que se intentan invisibilizar y por ende sucede que “la demolición y la construcción de un parque, vino acompañada de la colonización de nuevos espacios donde fuese posible llevar a cabo un nuevo Cartucho.”  o “Lo que le quedó a esta ciudad después de este desalojo…habitantes subterráneos, que viven en las alcantarillas, en el Bronx, una ciudad que de manera indolente pasa por encima.” (Millan).

Por último, el intento del Distrito por despojar a los habitantes de la tierra con la que se sentían identificados, y de integrarlos en el resto de la ciudad, fracasó. La concepción del espacio por parte de los habitantes del Cartucho difiere de la concepción institucional, lo que condujo a la creación de espacios de resistencia. La gente creó nuevos Cartuchos, pues era el lugar con el que se sentían identificados y que les daba sentido a sus vidas. Como bien lo expresa Delgado, “El espacio de representación o espacios vividos por los habitantes y usuarios del espacio, son espacios de resistencia, espacios simbólicos y contra espacios…”

Finalmente, hablar del parque como tal, genera en las personas percepciones muy distintas, pero que dan cuenta de un fracaso institucional, no solo por la creación de pequeños cartuchos, sino porque El Tercer Mileno no es apropiado por los individuos. Javier, un ex habitante, al preguntarle sobre su opinión de este lugar responde “¿Usted iría al Parque Tercer Milenio a pasar el tiempo?” A lo que respondí que no. Fue entonces que respondió, “Yo tampoco iría, y eso que conozco a todos los habitantes de calle.” Esto muestra que el propósito del parque no se cumplió. Javier explicaba que a ese parque no iba nadie, que tenía todas las características para que nadie quisiera visitarlo nunca. “Está al lado de una morgue (medicina legal) y tiene gamincitos durmiendo por ahí y haciendo “monumentos” (refiriéndose aquí a que los gamines lo usan como baño).”

La construcción del parque como un lugar diferente a la histórica olla del cartucho resultó en un problema mayor, donde además del no-uso del espacio, generó otros sitios de asentamiento de una población que se excluye y se oculta. Como lo explica Arrieta en su artículo, “la Secretaría de Gobierno de Bogotá, la Policía Metropolitana y hasta la Corporación Nuevo Arco Iris coinciden cuando responden que la herencia de El Cartucho demostró que el problema es, en esencia, social, y es por ello que barrer las ‘ollas’ simplemente no alcanza”  (Arrieta). De lo anterior parece importante mencionar como la visión hegemónica difiere de manera importante con la visión de la población afectada, que sin una ayuda real por parte de los transformadores no vieron otra opción que crear otra vez, una ciudad dentro de la ciudad.

 

 

Arrieta, Laura. El Espectador. 2011 de Octubre de 2011. 1 de mayo de 2013 <http://www.elespectador.com/impreso/bogota/articulo-304382-herencia-de-el-cartucho&gt;.

Delgado, Ovidio (2001). Geografía, espacio y teoría social. En: Espacios y territorios. Razón, Pasión e Imaginarios. Universidad Nacional de Colombia y Red Espacio y Territorio: Bogotá.

 

Millán Mendoza Catalina; PARQUE TERCER MILENIO. Laboratorio donde se transforma el espacio y se redefine la memoria del cartucho bogotano, Universidad de los Andes, 2007.

 

Samper, Ximena. El Espectador. 15 de febrero de 2013. 1 de mayo de 2013 <http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-404872-el-parque-tercer-milenio-aun-esta-construccion&gt;.

 

 

 

 

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