La utopía de la resocialización

4 Mar

El problema de hacinamiento en las cárceles colombianas, que se ha venido cultivando desde tiempo atrás, no solo implica una violación de diversos principios del derecho penal y de un alto número de derechos fundamentales, sino que también va en contra de la función de la pena consagrada en el régimen penal colombiano: la resocialización. Todo el sístema penal, empezando por la tipificación de los delitos, la aplicación de las penas, el juzgamiento, las cárceles, el trato a los reos, debería estar dirigido hacia la resocialización del presidiario. Sin embargo, no ocurre así en la práctica, afectando los derechos de los convictos y desiligitimando la acción penal del estado.

 

Existen en el derecho penal varias opciones en cuanto a los fines de la pena. El artículo 4 del Código Penal establece que las funciones de la pena son la prevención general, la retribución justa, la prevención especial, la reinserción social y la protección al condenado. Lo anterior da cuenta de la existencia de varios fines que son contradictorios entre sí como la retribución justa con la reinserción. Por lo anterior, en Colombia, a pesar de que el artículo 4 del Código Penal consagra el principio de teorías de la unión como fines de la pena, es decir la multiplicidad de fines, la Corte Constitucional ha hecho énfasis en la preeminencia de la resocialización sobre las demás. Este fin pretende generar un cambio en el presidario para que en el momento de salir de la cárcel logre reintegrarse en la sociedad y así no vuelva a cometer delitos. Siendo el delito un mal en contra de la comunidad, y un comportamiento anti-social, la resocilización como fin de la pena busca que ésta haga del delincuente un ser social nuevamente. Para ello se le debería brindar educación, trabajo y oportunidades con las cuales éste tenga las herramientas necesarias para lograrlo.

 

Aunque la teoría explica estos asuntos de manera concreta, en la realidad esto no se ve de forma clara. Lo que está sucediendo en las cárceles colombianas es completamente contradictorio pues si se habla de la resocialización como la función de la pena, tanto la rama judicial como la ejecutiva y la legislativa deberían actuar de forma acorde con ella. ¿De qué sirve este mecanismo si no se cumple? Dado el exceso de personas en las prisiones del país, las oportunidades que supuestamente se les deberían brindar para que salgan `reformados` no son posibles. No existe ni trabajo ni estudio para todos, existiendo injusticia y desigualdad, sumado a una permanente violación de derechos fundamentales. Adicionalmente, como se explica en La Silla Vacía, además de las leyes ya impuestas, cada vez se da una “(…) inflación de reformas penales aumentando el número de delitos o los años de pena, facilitando la detención preventiva y haciendo más difícil la excarcelación.”, atentando nuevamente contra el objetivo de la pena.

El hacinamiento en las cárceles de Colombia, no siendo un tema nuevo, muestra un problema al cual no se le ha conseguido solución. Según cifras del INPEC, en enero del 2010 las cárceles del país tenían capacidad para 55.060 presos, sin embargo en ellas se encontraban 76.761 internos. Para principios del años 2012 el instituto mencionado contaba con 75.620 cupos donde en realidad estaban recluidos 102.296 internos. Al finalizar el año se tenían 113.884 reos (50.4% de hacinamiento). Solo en La Modelo en Bogotá, existen 7.965 internos, cuando la realidad es que está hecha para 2.950 personas; además, como se explica en El Tiempo, hay 60 guardianes por turno. ¿Qué consistencia tiene estas cifras con un modelo de resocialización? ¿Es viable pensar que en el país se intenta reincorporar a la sociedad a los privados de la libertad?

 

Esta función, siendo escogida como el centro de las penas en Colombia, tiene diversos problemas de aplicación. Todo el sistema penal debería actuar en congruencia con el fin de la resocialización, empezando por asegurarle a los reclusos unas garantías mínimas para que puedan volver a la vida en sociedad. No se trata de darle a los presidiarios unas mejores condiciones que las que tenían afuera de prisión, sino de ser coherentes con el fin de la pena. 

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