¿Fin de El Cartucho o reubicación del mismo?

5 May

Pensando en el Bronx como ese nuevo cartucho,  donde todo lo peor de la ciudad se encuentra, donde no existe nada bueno, donde las drogas, las mafias y la indigencia reinan gracias a la ausencia de un poder estatal fuerte que lo domine o que quiera hacerse cargo, este lugar se ha convertido en una pesadilla para unos y un refugio para aquellos que fueron sacados de su lugar (el cartucho) para la construcción de un parque que pretendía ordenar y convertirse en un lugar de “recreación” y “encuentro” mas no de vivienda.  En esta crónica, más que basarme en el conocido Bronx, en esa continuación del Cartucho, pretendo adentrarme en el contexto de transformación urbana que generó la puesta en marcha del Tercer Milenio y que por ende hizo que aparecieran otras ollas cercanas al lugar. Así es importante tener en cuenta los actores involucrados en el proceso (institucionales y habitantes del lugar) entendiendo que existe una parte y un discurso político que atraviesa este cambio urbanístico.

Es importante empezar por entender que el cambio de El Cartucho a Parque Tercer Milenio se da como resultado de un afán de los entes distritales por recuperar y transformar un lugar que se había convertido en sinónimo de violencia, drogadicción, pobreza y de revés de un modelo de sociedad ideal. El Cartucho era un lugar aislado donde la autoridad distrital no tenía cabida, mejor dicho, una ciudad dentro de la ciudad con sus propias dinámicas sociales, económicas, políticas y de poder. En aras de “reintegrar” este espacio y de volverlo un lugar accesible al público, se plantea la necesidad de reubicar a la gente que había hecho de este sitio su ciudad y de comenzar un proceso de reurbanización. Este proceso se enmarca dentro de un modelo de sociedad y de ordenamiento del espacio, es decir, El Cartucho no es un ejemplo aislado, sino que es expresión de un fenómeno que lo trasciende: la visión de ciudad que hace parte de los imaginarios que los entes distritales conciben como el deber ser. Así,  no se trata solamente de tomar la transformación del Cartucho como un caso paradigmático, sino de intentar comprender el modo en el que las percepciones institucionales y las percepciones de las personas que se ven afectadas por los modelos urbanísticos, confluyen o difieren.

De esta manera, las miradas institucionales son las responsables de la construcción de ciudad y las encargadas de determinar e implantar el modo en que lo urbano es organizado. Esto muestra como las conceptualizaciones que se generan provienen de una idea específica de “bienestar” que es determinante y creada por ciertos entes encargados de producir el desarrollo, y que se encuentra en el contexto geográfico e histórico. Así mismo, en estos procesos, las relaciones de poder son claramente construidas y utilizadas. Millán en su escrito muestra como salen a relucir ciertas afirmaciones del Concejal de Bogotá que muestran claramente las relaciones de poder que implica un proyecto como la construcción del Parque Tercer Milenio. Se ve lo poco que se pensaba de los habitantes del Cartucho y se tomaban como ratas de laboratorio con las cuales se podía experimentar para después aplicar, en caso de éxito, el mismo proceso pero en otras zonas. En efecto, “El Cartucho fue un “laboratorio de experimentación” ideal para renovar la zona central de la ciudad” y “rehabilitar una adicción es una enfermedad incurable, es una enfermedad tratable pero que no se cura, requiere procesos muy largos muy complejos no siempre exitosos e inversiones muy grandes”. Así, el gobierno consideraba que los habitantes del Cartucho eran personas que se podían dar por perdidas, imposibles de recuperar, por lo cual era justificable “eliminarlos” por el bien común. Así mismo las visiones de otros individuos relacionados con el proceso de renovación del centro de la alcaldía de Peñalosa muestran que era necesario y recomendable generar estos discursos para poder  “desencartuchar” a los individuos pues como me lo explica  Ibañez “existía una situación de guetto que no podía existir en una ciudad”.

Por otro lado, al tener la oportunidad de entrevistar a Carlos Alberto Garzón quien trabaja en la Secretaria de integración Social en la sección de adultez éste pudo darme una explicación, la cual enmarca, por un lado, la visión institucional dado que éste hace parte de una entidad gubernamental y está involucrado con la parte social y, por otro, al haber sido habitante del barrio Santa Inés, es más sensible al tema que interesa en esta crónica. Garzón expresa, en primera instancia, como, aunque el cartucho desde los años 70´s fue una zona difícil,  “la llegada del bazuco en los 90´s rompe la historia de la vida en la calle. Estas actividades van condicionando el proceso de deterioro del centro” Al esto ocurrir, se transforma la memoria de ciudad y empiezan a surgir ideas de cambio urgentes. Al realizarse esta transformación, surgen “dolores de ciudad”, pues por el afán de quitar lo malo “la administración fue indolente y derribó todo el patrimonio arquitectónico e intangible de unos de los primeros barrios de Bogotá”. Al hacer una visita al Tercer Milenio, se puede ver como en el aspecto físico, lo que menciona Garzón es totalmente cierto, pues no se percibe una sola edificación arquitectónica antigua en el lugar.

Este barrio, el barrio Santa Inés contiene una historia que se remonta a principios del siglo XX, donde  era un sector residencial de familias importantes de Bogotá. Para el año 1864, la construcción de la primera parte del edificio de la plaza de mercado (mayor lugar de abastecimiento de víveres de Bogotá) y sus dinámicas generaron el traslado de las familias tradicionales hacia el norte. Lo anterior hizo que existiera una degradación del espacio público y sumando a ello, la ampliación de la carrera décima logró el aislamiento y el olvido del barrio. En los años 1950-1960 llegan al lugar empresas de transporte y por ende de comercio que se beneficiaba de ello. Al consolidarse El Cartucho en los setentas, las empresas se salen del lugar y por ende los negocios, lo cual trae consigo compraventas que se ubicaron en el lugar, haciendo parte de este espacio. Finalmente en 1999, con la alcaldía de Peñalosa se empieza la demolición del lugar y con ello se comenzó a sacar a los habitantes.

Volviendo a la entrevista, otro punto que es importante resaltar y que es expresado por Garzón, es la diferencia entre el diseño del parque y la percepción que se tiene de éste por los demás. “Cuando los arquitectos se sientan a diseñar, lo hacen desde su experiencia académica, pero la apropiación y la interpretación social es otra”. Para Carlos Alberto Garzón, el parque no está construido para la gente, “fue una respuesta al problema que había ahí”, pero esto no quiere decir que se pensara en los habitantes al transformar el lugar. Él explica que lo que sucedió al cambiar el Cartucho fue que se hiciera “una metástasis ineludible”, que llevó a los Bazuqueros y a los habitantes de este barrio a cambiar de lugar, pero seguir haciendo lo mismo que en El Cartucho. “Lo que hizo esta transformación fue hacer que estas personas se expandieran por toda la ciudad.  La “l” o como yo la llamo la “h”, porque tiene esa forma, se convirtió en el nuevo Cartucho, teniendo las mismas consecuencias, pero en un lugar más reducido”. Al ser un espacio más pequeño que la zona de tolerancia, los habitantes del lugar tomaron la misma dinámica de la ciudad “deber ser” construyendo los cambuches hacia arriba, pues no había espacio disponible hacia los lados para crear su ciudad: “tuve la oportunidad de recorrer ese lugar y era chistoso ver como armaban sus casas [cambuches] hacia lo alto como en todo Bogotá”.

Pensando en los habitantes de lo que fue El Cartucho, cabe resaltar como lo explica Diego Alonso también de la Secretaría de Integración, que existen “tipologías de habitabilidad en calle que las personas no entienden ni ven gracias a la visión institucional y a la contribución de los medios para que sea así”. De esta forma, al no tener en cuenta en la visión institucional a los habitantes de calle, lo que sucede es que se intentan invisibilizar y por ende sucede que “la demolición y la construcción de un parque, vino acompañada de la colonización de nuevos espacios donde fuese posible llevar a cabo un nuevo Cartucho.”  o “Lo que le quedó a esta ciudad después de este desalojo…habitantes subterráneos, que viven en las alcantarillas, en el Bronx, una ciudad que de manera indolente pasa por encima.” (Millan).

Por último, el intento del Distrito por despojar a los habitantes de la tierra con la que se sentían identificados, y de integrarlos en el resto de la ciudad, fracasó. La concepción del espacio por parte de los habitantes del Cartucho difiere de la concepción institucional, lo que condujo a la creación de espacios de resistencia. La gente creó nuevos Cartuchos, pues era el lugar con el que se sentían identificados y que les daba sentido a sus vidas. Como bien lo expresa Delgado, “El espacio de representación o espacios vividos por los habitantes y usuarios del espacio, son espacios de resistencia, espacios simbólicos y contra espacios…”

Finalmente, hablar del parque como tal, genera en las personas percepciones muy distintas, pero que dan cuenta de un fracaso institucional, no solo por la creación de pequeños cartuchos, sino porque El Tercer Mileno no es apropiado por los individuos. Javier, un ex habitante, al preguntarle sobre su opinión de este lugar responde “¿Usted iría al Parque Tercer Milenio a pasar el tiempo?” A lo que respondí que no. Fue entonces que respondió, “Yo tampoco iría, y eso que conozco a todos los habitantes de calle.” Esto muestra que el propósito del parque no se cumplió. Javier explicaba que a ese parque no iba nadie, que tenía todas las características para que nadie quisiera visitarlo nunca. “Está al lado de una morgue (medicina legal) y tiene gamincitos durmiendo por ahí y haciendo “monumentos” (refiriéndose aquí a que los gamines lo usan como baño).”

La construcción del parque como un lugar diferente a la histórica olla del cartucho resultó en un problema mayor, donde además del no-uso del espacio, generó otros sitios de asentamiento de una población que se excluye y se oculta. Como lo explica Arrieta en su artículo, “la Secretaría de Gobierno de Bogotá, la Policía Metropolitana y hasta la Corporación Nuevo Arco Iris coinciden cuando responden que la herencia de El Cartucho demostró que el problema es, en esencia, social, y es por ello que barrer las ‘ollas’ simplemente no alcanza”  (Arrieta). De lo anterior parece importante mencionar como la visión hegemónica difiere de manera importante con la visión de la población afectada, que sin una ayuda real por parte de los transformadores no vieron otra opción que crear otra vez, una ciudad dentro de la ciudad.

 

 

Arrieta, Laura. El Espectador. 2011 de Octubre de 2011. 1 de mayo de 2013 <http://www.elespectador.com/impreso/bogota/articulo-304382-herencia-de-el-cartucho&gt;.

Delgado, Ovidio (2001). Geografía, espacio y teoría social. En: Espacios y territorios. Razón, Pasión e Imaginarios. Universidad Nacional de Colombia y Red Espacio y Territorio: Bogotá.

 

Millán Mendoza Catalina; PARQUE TERCER MILENIO. Laboratorio donde se transforma el espacio y se redefine la memoria del cartucho bogotano, Universidad de los Andes, 2007.

 

Samper, Ximena. El Espectador. 15 de febrero de 2013. 1 de mayo de 2013 <http://www.elespectador.com/noticias/bogota/articulo-404872-el-parque-tercer-milenio-aun-esta-construccion&gt;.

 

 

 

 

El hacinamiento carcelario en Colombia

15 Apr

Más o menos catorce años lleva el problema de hacinamiento carcelario en Colombia, en donde la intención de resocializar al reo se queda solamente en un concepto y no en una realidad. Como lo explica Whanda Fernández León,  profesora de derecho de la universidad nacional en su artículo en Ámbito Jurídico “La causa del hacinamiento carcelario, hoy elevado a niveles sin precedentes, no es otra que el fracaso de la política criminal del Estado, incentivada por el populismo del legislativo y la crisis de la justicia penal” (Fernández, 2012). Así, las contradicciones del sistema penitenciario son enormes y este problema sin precedentes va más allá de ser solamente un asunto de falta de recursos para crear nuevos centros penitenciarios. Tomando esto en cuenta, vale la pena explicar esta situación, haciendo un análisis no solamente de los actores involucrados y las relaciones de poder que entre ellos se dan, sino los antecedentes, la concepción y la finalidad que se tiene del tratamiento penitenciario en nuestro país.

Concepto y finalidad del tratamiento penitenciario

El Código Penitenciario y Carcelario en Colombia establece el cumplimiento de las obligaciones del estado colombiano de proteger la vida, integridad física, dignidad y seguridad jurídica de las personas privadas de la libertad, así como la de promover y facilitar su reinserción social. Así como lo explica la Sentencia T-286/11 “Se entiende por Tratamiento Penitenciario el conjunto de mecanismos de construcción grupal e individual, tendientes a influir en la condición de las personas, mediante el aprovechamiento del tiempo de condena como oportunidades, para que puedan construir y llevar a cabo su propio proyecto de vida, de manera tal que logren competencias para integrarse a la comunidad como seres creativos, productivos, autogestionarios, una vez recuperen su libertad. Dando cumplimiento al Objetivo del Tratamiento de preparar al condenado(a) mediante su resocialización para la vida en libertad (…)” Lo anterior trae a colación un concepto clave en la manera en que se supone que rige el tratamiento de los reclusos: la resocialización. Por ende, todo el sistema penal, desde la tipificación de los delitos, la aplicación de las penas, el trato a los reos debería estar dirigido hacia la resocialización del presidiario. En la práctica, tal como lo explica la revista semana “(…) la resocialización de los reclusos sigue siendo una promesa sin cumplir-” (Semana, 2008) deslegitimando la acción penal del Estado y claramente afectando los mínimos derechos que tienen los convictos.

A través de la contradicción que se presenta entre lo que se supone debería pasar, es decir generar un cambio en el reo y convertirlo en un ser social nuevamente mediante educación trabajo y oportunidades en las cárceles, y la realidad donde no existen suficientes beneficios  para los presidiarios, donde la posibilidad de reformarse es mínima y donde se presenta una permanente violación de derechos fundamentales, se está demostrando una debilidad en los órganos de control que son responsables de tales problemas y por ende, tanto la rama judicial como la ejecutiva y la legislativa deberían actuar de forma acorde con ella. De esta manera, no se puede decir que el problema del hacinamiento carcelario es solo problema del INPEC y del sistema judicial, dado que cada rama tiene su culpa en esta interminable situación. Decir que esto se soluciona solamente a partir de la creación de nuevas cárceles hace que se dejen a un lado las responsabilidades de otros personajes involucrados. Así el ejecutivo por su lado, siendo un Estado social de derecho, es responsable de salvaguardar y proteger a todos sus ciudadanos y de garantizarles sus derechos, asunto que claramente no se ve en el problema de hacinamiento, donde los reclusos, además de no tener oportunidades para la resocialización se encuentran viviendo en condiciones deplorables, que afectan gravemente su salud y su dignidad. Como lo muestra el artículo Cárceles: Una bomba de tiempo para el hacinamiento, en la cárcel modelo de Bogotá “El hacinamiento es de tal magnitud que los internos están durmiendo en los pasillos, en colchonetas que botan en el suelo y en colchones amarrados con lazos al techo” (Bedoya, 2012). Por otro lado, el legislativo tampoco dirige sus acciones a buscar soluciones a la presente problemática. Como lo muestra La Silla Vacía, además de las leyes ya existentes, cada vez se da una “(…) inflación de reformas penales aumentando el número de delitos o los años de pena, facilitando la detención preventiva y haciendo más difícil la excarcelación.”, atentando nuevamente contra el objetivo de la pena. Finalmente, en la rama judicial se presentan diversas anomalías que ayudan a la acumulación de presos y a las dificultades carcelarias del país. Como lo muestra Fernández, algunas de estas incoherencias son la investigación después de la captura, la legalización de capturas ilegales, se rechazan revocatorias y suspensiones a ancianos, madres/padres cabezas de familia y enfermos graves, se exige cumplimiento total de las penas, sin importar redención por trabajo, estudio, admisión de cargos, colaboración, o cumplimiento de las 2/3 partes, se evade la aplicación del principio de oportunidad, la preclusión y los preacuerdos, entre muchos otros.

Cifras

Dicho lo anterior, se puede ver cómo la contradicción existente es mucho más grande y compleja de lo que se imagina. Las cifras demuestran una situación que lejos de ser nueva, da cuenta de un problema de amplias magnitudes que involucra a muchos actores y que incluye, además de la imposibilidad de resocialización una violación de derechos mínimos en los reos y una desigualdad en las cárceles. Así, al no ser solucionado, el problema penitenciario muestra cada vez peores cifras. Según datos del INPEC, en enero del 2010 las cárceles del país tenían capacidad para 55.060 presos, sin embargo en ellas se encontraban 76.761 internos. Para principios del año 2012 el instituto mencionado contaba con 75.620 cupos donde en realidad estaban recluidos 102.296 internos. Al finalizar el año se tenían 113.884 reos (50.4% de hacinamiento). Solo en La Modelo en Bogotá, existen 7.965 internos, cuando la realidad es que está hecha para 2.950 personas; además, como se explica en El Tiempo, hay 60 guardianes por turno (Bedoya, 2012). Recientemente, un artículo también publicado en el periódico El Tiempo muestra la preocupante situación mostrando cómo cada mes entran en las diferentes cárceles del país 3.000 reos que agravan el hacinamiento, teniendo en cuenta que solo salen más o menos 300 presidiarios. Así, según el INPEC, se necesitaría una cárcel mensual para lograr acabar con este problema, solución claramente utópica. Por lo anterior, “entre las autoridades hay alerta de que, por vía tutela, se siga ordenando el cierre de las puertas de los principales sitios de reclusión a nuevos detenidos. Pasó con la Modelo, de Bogotá, y hoy están cerrados Bellavista (Medellín) y el Patio 4 de la cárcel de Bucaramanga.” (Redacción Justicia, 2013). 

Conclusión

La situación penitenciaria en el país muestra un problema de grandes proporciones, donde se unen muchos inconvenientes y donde se puede ver más de un problema coyuntural del país. Un ejemplo de lo anterior es la salud, donde además del hacinamiento existente se sumó la crisis de la salud del país, lo que solamente empeora la situación. Lo anterior se puede ver a través del artículo del Tiempo que da cuenta de cómo “La crisis, que viene desde hace año y medio por las constantes fallas de Caprecom, se agudizó en junio pasado con el aumento de capturas, que tiene las cárceles a reventar.  El hacinamiento alcanzó casi el 45 por ciento, y en la Modelo, una de las cárceles más grandes, aparecieron brotes de varicela y dos de tuberculosis. Esta enfermedad la padecen otros 136 presos en el país.” (Redacción Justicia y Medellin, 2012). Así mismo, el hecho de que los programas de resocialización, que se supone son necesarios para el reintegro del reo a la sociedad, no se cumplen, genera una reinserción de individuos en las cárceles que ahondan el problema.

Bibliografía:

Bedoya, J. (16 de julio de 2012). Cárceles:Una bomba de tiempo para el hacinamiento. El Tiempo, págs. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12033259. Obtenido de eltiempo.com.

Defensoria del Pueblo. (2012). Análisis sobre el actual hacinamiento carcelario y penitenciario en Colombia. http://www.defensoria.org.co/pdf/informes/informe_101.pdf: Defensoria del pueblo.

Fernández, W. (4 de septiembre de 2012). Hacinamiento carcelario ¿Quién responde? Ámbito Jurídico, págs. http://www.ambitojuridico.com/BancoConocimiento/N/noti-12070120904-11(hacinamiento_carcelario_quien_responde)/noti-12070120904-11(hacinamiento_carcelario_quien_responde).asp. Obtenido de Hacin.

Pretelt, J. I. (s.f.). Sentencia T-286/11. Corte Constitucional. Obtenido de Sentencia T-286/11: http://www.corteconstitucional.gov.co/RELATORIA/2011/T-286-11.htm

Redacción Justicia. (31 de marzo de 2013). Cada mes, 3.000 nuevos reos agravan hacinamiento. El Tiempo, págs. http://www.eltiempo.com/justicia/se-agrava-hacinamiento-en-crceles-de-colombia_12719102-4.

Redacción Justicia y Medellin. (4 de septiembre de 2012). Al hacinamiento se sumó la crisis de salud en 110 cárceles del país. El Tiempo, págs. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12191842.

Semana. (2008). El oscuro panorama de las cárceles en Colombia. SEMANA, http://www.semana.com/on-line/articulo/el-oscuro-panorama-carceles-colombia/93490-3.

Debate elecciones 2014/partidos políticos

13 Mar

Por: Jorge varela y Laura Arango

Los cuatro artículos: “Cambiando las creencias” de Sebastián Narváez,  “La persistencia de los partidos políticos tradicionales” por Eduardo Acostamadiedo,  “El nuevo trampolín para la presidencia” escrito por Welfran Mendoza y “El que menos corre vuela” de Julio Jiménez da puntos claves sobre los partidos políticos, los actores involucrados en este proceso que se acerca. De esta manera, aunque existen similitudes entre los textos, que vale la pena resaltar, también se encuentran claras diferencias en lo que se quiere mostrar a través de ellos. En primer lugar, Narváez en su columna de opinión expresa como los partidos políticos han dejado de generar confianza en los individuos y se ha visto un personalismo, en el cual se ve más a los líderes que a los partidos como tal. Similar a esto, el análisis de coyuntura de Acostamadiedo hace un recuento más profundo de este problema, donde expone el debilitamiento de los partidos tradicionales colombianos a través de cifras, pero recalca su persistencia a diferencia de otros en la región. Un tercer texto, el de Mendoza, habla de las elecciones presidenciales, pero en vez de dar cuenta del declive de los partidos tradicionales, éste muestra la nueva guerra entre el Santismo y el Uribismo para las votaciones del 2014, pero expone como este escenario puede cambiar con la posible postulación de Ordoñez a la presidencia con el partido conservador, aclarando que ésta, hasta ahora es especulación. Una última columna de opinión escrita por Jiménez, da cuenta de los posibles contrincantes del presidente Santos, en caso de que vaya a reelección, mostrando no solo la oposición como el Polo Democrático o Uribe, sino a los ‘presidenciables’, refiriéndose en este caso al General Naranjo (quien podría ganar).

 Es pertinente resaltar que los dos primeros textos se enfocan más en cómo los partidos políticos tradicionales se han debilitado, el primero mostrando el personalismo existente que le da más importancia a los actores (pone ejemplos de Uribe o Fajardo) y el segundo haciendo un análisis donde da el contexto colombiano de los partidos analizando y mostrando cómo han fracasado los partidos tradicionales latinoamericanos. Los dos últimos textos expresan distintos marcos que pueden suceder en las elecciones 2014, donde se ven dos posibles escenarios con actores diferentes. Uno Ordoñez y otro con Naranjo. Claro está que los cuatro artículos, aunque diferentes, podrían de cierta manera complementarse dado que se podría ver y entender de manera más amplia el problema de las elecciones del 2014 y los nuevos actores que surgen, lo cual muestra un debilitamiento y a la vez una persistencia de los partidos tradicionales.

 Solo dos de los artículos dan cuenta de las fuentes utilizadas: el de Acostamadiedo y el de Jiménez. El primero utiliza fuentes académicas y periodísticas, a diferencia del segundo que sólo utiliza del segundo tipo (utiliza noticias de los portales de El Espectador, El Tiempo y noticias 24). En buena medida estas diferencias se deben a la naturaleza de los trabajos, puesto que el de Acostamadiedo se trata de un análisis de coyuntura, más extenso y más profundo por definición que las columnas. Así, abundan en su texto referencias a trabajos de reconocidos politólogos, como Mónica Pachón, Dávila Ladrón de Guevara, Francisco Gutiérrez, entre otros. Su fuente periodística es la Revista Semana. Esta diversidad de fuentes es una de las grandes fortalezas del análisis de dicho autor. Además, recurrir a la historia como herramienta analítica le permite observar de una manera amplia el problema. A diferencia de esto, las columnas de Mendoza y de Jiménez apelan a la especulación política, cada uno proponiendo un nombre diferente para cambiar el panorama electoral del país: Ordóñez y Naranjo, respectivamente.

 El recurso a la historia, como se vio, da una ventaja al texto de Acostamadiedo. A pesar de que la columna de Narváez toca el mismo tema, ésta no logra salirse de lugares comunes ni darle  una perspectiva de larga duración. ¿Desde cuándo proviene tal tendencia al personalismo? ¿Desde cuándo los partidos pierden confianza ante la ciudadanía? El problema va más allá de una coyuntura de los últimos años. Por lo demás, la evidencia presentada no es muy convincente, pues no desarrolla ningún caso preciso y más bien nombra someramente.

 En conclusión, los trabajos presentados exhiben diversas maneras de acercarse a problemas electorales y de partidos políticos. Las fuentes entre los textos varían, así como sus fortalezas y debilidades.

La utopía de la resocialización

4 Mar

El problema de hacinamiento en las cárceles colombianas, que se ha venido cultivando desde tiempo atrás, no solo implica una violación de diversos principios del derecho penal y de un alto número de derechos fundamentales, sino que también va en contra de la función de la pena consagrada en el régimen penal colombiano: la resocialización. Todo el sístema penal, empezando por la tipificación de los delitos, la aplicación de las penas, el juzgamiento, las cárceles, el trato a los reos, debería estar dirigido hacia la resocialización del presidiario. Sin embargo, no ocurre así en la práctica, afectando los derechos de los convictos y desiligitimando la acción penal del estado.

 

Existen en el derecho penal varias opciones en cuanto a los fines de la pena. El artículo 4 del Código Penal establece que las funciones de la pena son la prevención general, la retribución justa, la prevención especial, la reinserción social y la protección al condenado. Lo anterior da cuenta de la existencia de varios fines que son contradictorios entre sí como la retribución justa con la reinserción. Por lo anterior, en Colombia, a pesar de que el artículo 4 del Código Penal consagra el principio de teorías de la unión como fines de la pena, es decir la multiplicidad de fines, la Corte Constitucional ha hecho énfasis en la preeminencia de la resocialización sobre las demás. Este fin pretende generar un cambio en el presidario para que en el momento de salir de la cárcel logre reintegrarse en la sociedad y así no vuelva a cometer delitos. Siendo el delito un mal en contra de la comunidad, y un comportamiento anti-social, la resocilización como fin de la pena busca que ésta haga del delincuente un ser social nuevamente. Para ello se le debería brindar educación, trabajo y oportunidades con las cuales éste tenga las herramientas necesarias para lograrlo.

 

Aunque la teoría explica estos asuntos de manera concreta, en la realidad esto no se ve de forma clara. Lo que está sucediendo en las cárceles colombianas es completamente contradictorio pues si se habla de la resocialización como la función de la pena, tanto la rama judicial como la ejecutiva y la legislativa deberían actuar de forma acorde con ella. ¿De qué sirve este mecanismo si no se cumple? Dado el exceso de personas en las prisiones del país, las oportunidades que supuestamente se les deberían brindar para que salgan `reformados` no son posibles. No existe ni trabajo ni estudio para todos, existiendo injusticia y desigualdad, sumado a una permanente violación de derechos fundamentales. Adicionalmente, como se explica en La Silla Vacía, además de las leyes ya impuestas, cada vez se da una “(…) inflación de reformas penales aumentando el número de delitos o los años de pena, facilitando la detención preventiva y haciendo más difícil la excarcelación.”, atentando nuevamente contra el objetivo de la pena.

El hacinamiento en las cárceles de Colombia, no siendo un tema nuevo, muestra un problema al cual no se le ha conseguido solución. Según cifras del INPEC, en enero del 2010 las cárceles del país tenían capacidad para 55.060 presos, sin embargo en ellas se encontraban 76.761 internos. Para principios del años 2012 el instituto mencionado contaba con 75.620 cupos donde en realidad estaban recluidos 102.296 internos. Al finalizar el año se tenían 113.884 reos (50.4% de hacinamiento). Solo en La Modelo en Bogotá, existen 7.965 internos, cuando la realidad es que está hecha para 2.950 personas; además, como se explica en El Tiempo, hay 60 guardianes por turno. ¿Qué consistencia tiene estas cifras con un modelo de resocialización? ¿Es viable pensar que en el país se intenta reincorporar a la sociedad a los privados de la libertad?

 

Esta función, siendo escogida como el centro de las penas en Colombia, tiene diversos problemas de aplicación. Todo el sistema penal debería actuar en congruencia con el fin de la resocialización, empezando por asegurarle a los reclusos unas garantías mínimas para que puedan volver a la vida en sociedad. No se trata de darle a los presidiarios unas mejores condiciones que las que tenían afuera de prisión, sino de ser coherentes con el fin de la pena.