El hacinamiento carcelario en Colombia

15 Apr

Más o menos catorce años lleva el problema de hacinamiento carcelario en Colombia, en donde la intención de resocializar al reo se queda solamente en un concepto y no en una realidad. Como lo explica Whanda Fernández León,  profesora de derecho de la universidad nacional en su artículo en Ámbito Jurídico “La causa del hacinamiento carcelario, hoy elevado a niveles sin precedentes, no es otra que el fracaso de la política criminal del Estado, incentivada por el populismo del legislativo y la crisis de la justicia penal” (Fernández, 2012). Así, las contradicciones del sistema penitenciario son enormes y este problema sin precedentes va más allá de ser solamente un asunto de falta de recursos para crear nuevos centros penitenciarios. Tomando esto en cuenta, vale la pena explicar esta situación, haciendo un análisis no solamente de los actores involucrados y las relaciones de poder que entre ellos se dan, sino los antecedentes, la concepción y la finalidad que se tiene del tratamiento penitenciario en nuestro país.

Concepto y finalidad del tratamiento penitenciario

El Código Penitenciario y Carcelario en Colombia establece el cumplimiento de las obligaciones del estado colombiano de proteger la vida, integridad física, dignidad y seguridad jurídica de las personas privadas de la libertad, así como la de promover y facilitar su reinserción social. Así como lo explica la Sentencia T-286/11 “Se entiende por Tratamiento Penitenciario el conjunto de mecanismos de construcción grupal e individual, tendientes a influir en la condición de las personas, mediante el aprovechamiento del tiempo de condena como oportunidades, para que puedan construir y llevar a cabo su propio proyecto de vida, de manera tal que logren competencias para integrarse a la comunidad como seres creativos, productivos, autogestionarios, una vez recuperen su libertad. Dando cumplimiento al Objetivo del Tratamiento de preparar al condenado(a) mediante su resocialización para la vida en libertad (…)” Lo anterior trae a colación un concepto clave en la manera en que se supone que rige el tratamiento de los reclusos: la resocialización. Por ende, todo el sistema penal, desde la tipificación de los delitos, la aplicación de las penas, el trato a los reos debería estar dirigido hacia la resocialización del presidiario. En la práctica, tal como lo explica la revista semana “(…) la resocialización de los reclusos sigue siendo una promesa sin cumplir-” (Semana, 2008) deslegitimando la acción penal del Estado y claramente afectando los mínimos derechos que tienen los convictos.

A través de la contradicción que se presenta entre lo que se supone debería pasar, es decir generar un cambio en el reo y convertirlo en un ser social nuevamente mediante educación trabajo y oportunidades en las cárceles, y la realidad donde no existen suficientes beneficios  para los presidiarios, donde la posibilidad de reformarse es mínima y donde se presenta una permanente violación de derechos fundamentales, se está demostrando una debilidad en los órganos de control que son responsables de tales problemas y por ende, tanto la rama judicial como la ejecutiva y la legislativa deberían actuar de forma acorde con ella. De esta manera, no se puede decir que el problema del hacinamiento carcelario es solo problema del INPEC y del sistema judicial, dado que cada rama tiene su culpa en esta interminable situación. Decir que esto se soluciona solamente a partir de la creación de nuevas cárceles hace que se dejen a un lado las responsabilidades de otros personajes involucrados. Así el ejecutivo por su lado, siendo un Estado social de derecho, es responsable de salvaguardar y proteger a todos sus ciudadanos y de garantizarles sus derechos, asunto que claramente no se ve en el problema de hacinamiento, donde los reclusos, además de no tener oportunidades para la resocialización se encuentran viviendo en condiciones deplorables, que afectan gravemente su salud y su dignidad. Como lo muestra el artículo Cárceles: Una bomba de tiempo para el hacinamiento, en la cárcel modelo de Bogotá “El hacinamiento es de tal magnitud que los internos están durmiendo en los pasillos, en colchonetas que botan en el suelo y en colchones amarrados con lazos al techo” (Bedoya, 2012). Por otro lado, el legislativo tampoco dirige sus acciones a buscar soluciones a la presente problemática. Como lo muestra La Silla Vacía, además de las leyes ya existentes, cada vez se da una “(…) inflación de reformas penales aumentando el número de delitos o los años de pena, facilitando la detención preventiva y haciendo más difícil la excarcelación.”, atentando nuevamente contra el objetivo de la pena. Finalmente, en la rama judicial se presentan diversas anomalías que ayudan a la acumulación de presos y a las dificultades carcelarias del país. Como lo muestra Fernández, algunas de estas incoherencias son la investigación después de la captura, la legalización de capturas ilegales, se rechazan revocatorias y suspensiones a ancianos, madres/padres cabezas de familia y enfermos graves, se exige cumplimiento total de las penas, sin importar redención por trabajo, estudio, admisión de cargos, colaboración, o cumplimiento de las 2/3 partes, se evade la aplicación del principio de oportunidad, la preclusión y los preacuerdos, entre muchos otros.

Cifras

Dicho lo anterior, se puede ver cómo la contradicción existente es mucho más grande y compleja de lo que se imagina. Las cifras demuestran una situación que lejos de ser nueva, da cuenta de un problema de amplias magnitudes que involucra a muchos actores y que incluye, además de la imposibilidad de resocialización una violación de derechos mínimos en los reos y una desigualdad en las cárceles. Así, al no ser solucionado, el problema penitenciario muestra cada vez peores cifras. Según datos del INPEC, en enero del 2010 las cárceles del país tenían capacidad para 55.060 presos, sin embargo en ellas se encontraban 76.761 internos. Para principios del año 2012 el instituto mencionado contaba con 75.620 cupos donde en realidad estaban recluidos 102.296 internos. Al finalizar el año se tenían 113.884 reos (50.4% de hacinamiento). Solo en La Modelo en Bogotá, existen 7.965 internos, cuando la realidad es que está hecha para 2.950 personas; además, como se explica en El Tiempo, hay 60 guardianes por turno (Bedoya, 2012). Recientemente, un artículo también publicado en el periódico El Tiempo muestra la preocupante situación mostrando cómo cada mes entran en las diferentes cárceles del país 3.000 reos que agravan el hacinamiento, teniendo en cuenta que solo salen más o menos 300 presidiarios. Así, según el INPEC, se necesitaría una cárcel mensual para lograr acabar con este problema, solución claramente utópica. Por lo anterior, “entre las autoridades hay alerta de que, por vía tutela, se siga ordenando el cierre de las puertas de los principales sitios de reclusión a nuevos detenidos. Pasó con la Modelo, de Bogotá, y hoy están cerrados Bellavista (Medellín) y el Patio 4 de la cárcel de Bucaramanga.” (Redacción Justicia, 2013). 

Conclusión

La situación penitenciaria en el país muestra un problema de grandes proporciones, donde se unen muchos inconvenientes y donde se puede ver más de un problema coyuntural del país. Un ejemplo de lo anterior es la salud, donde además del hacinamiento existente se sumó la crisis de la salud del país, lo que solamente empeora la situación. Lo anterior se puede ver a través del artículo del Tiempo que da cuenta de cómo “La crisis, que viene desde hace año y medio por las constantes fallas de Caprecom, se agudizó en junio pasado con el aumento de capturas, que tiene las cárceles a reventar.  El hacinamiento alcanzó casi el 45 por ciento, y en la Modelo, una de las cárceles más grandes, aparecieron brotes de varicela y dos de tuberculosis. Esta enfermedad la padecen otros 136 presos en el país.” (Redacción Justicia y Medellin, 2012). Así mismo, el hecho de que los programas de resocialización, que se supone son necesarios para el reintegro del reo a la sociedad, no se cumplen, genera una reinserción de individuos en las cárceles que ahondan el problema.

Bibliografía:

Bedoya, J. (16 de julio de 2012). Cárceles:Una bomba de tiempo para el hacinamiento. El Tiempo, págs. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12033259. Obtenido de eltiempo.com.

Defensoria del Pueblo. (2012). Análisis sobre el actual hacinamiento carcelario y penitenciario en Colombia. http://www.defensoria.org.co/pdf/informes/informe_101.pdf: Defensoria del pueblo.

Fernández, W. (4 de septiembre de 2012). Hacinamiento carcelario ¿Quién responde? Ámbito Jurídico, págs. http://www.ambitojuridico.com/BancoConocimiento/N/noti-12070120904-11(hacinamiento_carcelario_quien_responde)/noti-12070120904-11(hacinamiento_carcelario_quien_responde).asp. Obtenido de Hacin.

Pretelt, J. I. (s.f.). Sentencia T-286/11. Corte Constitucional. Obtenido de Sentencia T-286/11: http://www.corteconstitucional.gov.co/RELATORIA/2011/T-286-11.htm

Redacción Justicia. (31 de marzo de 2013). Cada mes, 3.000 nuevos reos agravan hacinamiento. El Tiempo, págs. http://www.eltiempo.com/justicia/se-agrava-hacinamiento-en-crceles-de-colombia_12719102-4.

Redacción Justicia y Medellin. (4 de septiembre de 2012). Al hacinamiento se sumó la crisis de salud en 110 cárceles del país. El Tiempo, págs. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12191842.

Semana. (2008). El oscuro panorama de las cárceles en Colombia. SEMANA, http://www.semana.com/on-line/articulo/el-oscuro-panorama-carceles-colombia/93490-3.

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